EL RELOJ




Anticipo mis pasos
hacia el ancho espacio
de esa cadena de incógnitas
que es la vida misma.

Cada sombra de ayer, es el sol de hoy
que reduce el mañana lentamente.

Estoy mirando el reloj que está en la mesa
Escucho su corazón de hierro que palpita.

Veo abierta su boca, con sed, hambrienta
y al tiempo tritura, absorve y se alimenta.

Implacáble está el reloj, allí de pie.
Arrogante
Con veinticuatro suspiros
Desafiante.

Como un verdugo rastrea los segundos,
los posee, los destruye. Y nadie lo detiene.

Se han diseminado relojes por el mundo.
Todo es El.

Reloj en la pared de mi cuarto.
En el bolsillo del anciano.
En los edificios en lo alto.

Aprisiona como cadenas las muñecas
y está en la mente de todos en la calle.

Golpea el reloj la mañana de invierno
La siesta en la tarde de verano

Para la noche de amor siempre hay un golpe
Imborrable, donde queda preso.

Un golpe para el primer alarido
y otro para el adios sin regreso.

David Rodriguez

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