Acaso enamorado de la brisa
que en la fresca mañana me despierta
dejo en la noche mi ventana abierta
para escuchar el silbo de su risa,
ella me lleva al cielo e improvisa
un mundo de colores que me oferta,
fruto jugoso, cultivado en su huerta
desnuda frente a mi dulce y sumisa.
Labios abiertos en dulce sonido
del silencio se apropia y me rescata,
en su danza de letras, poetisa,
al aire van y vuelven del olvido,
quizá para escribir triste sonata
tal vez para que espere su sonrisa.
David
7/05/2009
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