
La breve gota que semeja llanto
despierta sobre el sauce suspendida
y se quita el abrigo, agradecida
a la noche, que le ofrendó su manto.
Alimenta la sed del peregrino
y del laborioso y tenaz hornero.
Se desliza celeste en el sombrero
del jilguero, para que de su trino
y su delgada y clara transparencia
se hace mágica luz en el rocio
y vuela con el alba hacia el vacío.
Tal vez mi anhelo despegó tardío
ignoré que en el sueño del estío
regala en un instante su presencia.
David
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