
Que mi lápiz dibuje realidades,
que ingresen por mis ojos, desmedidas
figuras, por temor entumecidas
de color ocre, de calamidades.
y que mi canto tiemble en la garganta
cual aullido feroz en la borrasca,
que derribe una a una cada arnasca,
que libere la voz que se agiganta.
Que en un papel no duerma la palabra
ni el sonido, el óleo, inalterados
como ajeno a los hombres postergados
a mujeres, a niños humillados.
Que me iguala, los golpes abreviados
el instrumento que mi mano labra.
David Rodríguez
28/04/2009
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